18 diciembre 2007

CAI RANG

Algo se descompone en la cabeza y el corazón cuando observas la pobreza detrás de un objetivo y, antes de estremecerte, te sientes hipnotizado. Sin pretenderlo, te encuentras atrapado por la trágica sencillez de quiénes te observan más que con desaire con compasión. Y resulta inexplicable que sus ojos no sean los tuyos.

Visitando el mercado flotante de Cai Rang puedes llegar a pensar que el único sentido de su existencia es que otros te lo muestren como algo pintoresco. Sería fácil engañarse y pensar que su modo de subsistir es parte de un decorado, que cuando te vas, ellos vuelven a sus hogares, y las barcazas y “sampans” quedan solitarias flotando en el Mekong. Pero no es así. Todo cuanto tienen está a la vista: la fruta empalada a la venta, su casa, su labor, su alma… Su verdad te desnuda, y no sabes muy bien lo que te has llevado cuando te alejas.






11 diciembre 2007

MY THO Delta del Mekong

No es que esperase ver a Martin Sheen río arriba a la captura del capitán Kurz, pero imaginaba el delta con más ambición de misterio. Tengo la impresión de haberme perdido algo entre sus afluentes, como si no hubiese sido capaz de ver los secretos que se escondían tras la isla del Unicornio y sus dulces de coco. Aún así, intuí los caminos que llevan al regreso y, una vez más, comprobé que la amabilidad se arraiga en las gentes vietnamitas como el Mekong a sus orillas.






07 diciembre 2007

PHU QUOC


La Isla Esmeralda, la Isla de las 99 Montañas... A primera vista desde el aire ya te das cuenta de que rebautizar a Phu Quoc o ponerle adjetivos es una pérdida de tiempo. Pero si en algún recóndito rincón de mi cabeza alguna vez se formase la imagen de un paraíso, tendría que parecérsele bastante.

Agua de coco, arena, atardecer, viaje, paisaje, aventura, lectura, mar, descanso, sosiego, otros, pálpito, delicia, la nada, el todo... Sólo en lugares como éste te das cuenta de que el tiempo no se mide en horas ni la tranquilidad en silencio. Que la vida no es un reto sino un privilegio, y que la ausencia no es más que un atiborrado escaparate de alforjas vacías. Me declaro culpable de sentirme afortunada.

A Phu Quoc le entregué un sueño. Ahora, sólo ansío que alguna vez me devuelva el favor.






29 noviembre 2007

MY SON

A My Son le he inventado un cielo azul, porque lo tenía plomizo. Que el mal tiempo acompañe a la capital del reino Cham es como una cuestión de justicia, de memoria histórica. Así, la selva no te despista y, en vez de paraíso, te sitúas en un escenario de contienda. No en vano, los restos funerarios de esa milenaria cultura, -que sirvieron de refugio al Viet Cong-, aún entierran también restos de metralla.

No deja de ser trágicamente paradójico que al día de hoy, en un improvisado museo, compartan espacio vestigios de la más ancestral cultura hindu y obuses estadounidenses. Y todo bajo la atenta mirada de los dioses. Y todo con la etiqueta de patrimonio mundial. Y todo, para evidenciar que el cielo y la tierra luchan por recuperar un pasado glorioso, y olvidar otro que sólo arroja vergüenza.




28 noviembre 2007

HOI AN

Como si del frasco de las esencias del carácter vietnamita se tratase, Hoi An arroja optimismo bañado en seda. Los hogares, menudos y entrañables, abren sus puertas de par en par olvidando el lodo de la última riada. Las costureras trabajan a destajo, los comerciantes hacen caja, las cocinas perfuman el aire, los deseos se consumen en espirales de incienso...

Hoi An hizo un pacto con el espacio y con el tiempo. Al primero le pidió magia a cambio de lodazal, y al segundo destierro por compasión. Y entre margen y margen, dedicó sus días a la laboriosa tarea de concebir un paisaje urbano, capaz de competir con el arco iris.


25 noviembre 2007










23 noviembre 2007

HUE

La memoria siempre se me antoja selectiva o puñetera. Los recuerdos, sin embargo, vienen y van sin previo aviso. Yo, que creí crecer empapada de lluvia, sospecho ahora que cada nueva tormenta me devolverá una imagen de la tumba de Khai Dinh, de Tu Duc, de Minh Mang, y de cómo me fueron robados los recuerdos futuros de una travesía por el río Perfume.

Hué, que limita al norte con su pasado imperial y al sur con su futuro occidental, reserva la nostalgia de la ciudad prohibida, y las ausencias de una guerra que apenas se menciona. Es un paraje inacabado, como podría ser su nombre, donde es fácil imaginar como estadounidenses estrecharon cinturas imposibles de mujer, mientras la música sonaba en la “zona desmilitarizada” que ahora hace esquina en una calle.