A My Son le he inventado un cielo azul, porque lo tenía plomizo. Que el mal tiempo acompañe a la capital del reino Cham es como una cuestión de justicia, de memoria histórica. Así, la selva no te despista y, en vez de paraíso, te sitúas en un escenario de contienda. No en vano, los restos funerarios de esa milenaria cultura, -que sirvieron de refugio al Viet Cong-, aún entierran también restos de metralla.
No deja de ser trágicamente paradójico que al día de hoy, en un improvisado museo, compartan espacio vestigios de la más ancestral cultura hindu y obuses estadounidenses. Y todo bajo la atenta mirada de los dioses. Y todo con la etiqueta de patrimonio mundial. Y todo, para evidenciar que el cielo y la tierra luchan por recuperar un pasado glorioso, y olvidar otro que sólo arroja vergüenza.















































