Como si del frasco de las esencias del carácter vietnamita se tratase, Hoi An arroja optimismo bañado en seda. Los hogares, menudos y entrañables, abren sus puertas de par en par olvidando el lodo de la última riada. Las costureras trabajan a destajo, los comerciantes hacen caja, las cocinas perfuman el aire, los deseos se consumen en espirales de incienso...Hoi An hizo un pacto con el espacio y con el tiempo. Al primero le pidió magia a cambio de lodazal, y al segundo destierro por compasión. Y entre margen y margen, dedicó sus días a la laboriosa tarea de concebir un paisaje urbano, capaz de competir con el arco iris.

4 comentarios:
¿Así os sentstéis? ¡Vaya experiencia!
Como me diz el compañeru, púseme bastante ñoña con el texto... pero ye que ando muy tocada... tengo morriña
No me extraña que tengas morriña, es para ir y quedarse...
el compañero que sabrá. Los textos, insisto, son muy buenos. Y las fotos, eh?
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