Dicen que ni piratas ni tesoros, salvo los que ofreció la propia naturaleza, se refugiaron alguna vez en la bahía de Halong. Y cuesta creerlo. Ahora, sus aguas son surcadas por una torre de babel ansiosa de marisco y paisaje, que no obstante, admira respetuosa todo cuanto la rodea. Y es que hasta el negocio debe rendirse ante una grandeza tan evidente que siempre merecerá la pena contemplar.
Halong es el capricho de un dios que estornudó montañas. Después, las pobló de silencio y verde esmeralda.
4 comentarios:
Quizá deberías dejar el transporte urbano y dedicarte a escribir sobre viajes. ;-)
Si pagasen algo...
Todo es cuestión de preguntar, que tiene razón eb. Seguro que los reportajes de vuestros últimos viajes los vendías bien...
claro que pagan, anda. Y el viaje incluso. Todo ye moverse
Publicar un comentario